Hay escenas que se repiten tanto que terminan por volverse paisaje. Vehículos estacionados en rampas, en esquinas, sobre banquetas; taxis rurales “piratas” haciendo base donde se les antoja; calles bloqueadas por segundos que se convierten en minutos eternos; peatones obligados a bajarse al arroyo vehicular porque simplemente no hay por dónde caminar.
Y mientras tanto, los lunes en Coscomatepec siguen siendo sinónimo de desorden.
Nada ha cambiado.
Cada inicio de semana el centro se convierte en un laberinto sin reglas claras. No es un problema nuevo ni desconocido. Se ha hablado del tema, se han hecho anuncios, se han mencionado reglamentos y operativos. Pero en los hechos, la vialidad continúa secuestrada por la improvisación y la falta de autoridad.

Los llamados taxis rurales piratas operan con total impunidad. Se instalan, levantan pasaje, saturan puntos estratégicos y generan conflictos viales sin que exista consecuencia alguna. La competencia desleal no solo afecta a quienes sí cumplen con la norma; afecta a toda la ciudadanía que termina atrapada en un caos permanente.
A esto se suma la cultura del “me estaciono donde pueda”. Banquetas invadidas, accesos bloqueados, rampas inutilizadas. La ley parece opcional. Y cuando la norma se vuelve sugerencia, el orden desaparece.
Los auxiliares viales, aunque visibles, no representan solución ni autoridad.
Sin facultades reales para sancionar o sin respaldo efectivo para hacer cumplir el reglamento, su presencia termina siendo meramente testimonial. El problema no es la persona; es la falta de estructura, de voluntad y de aplicación firme de la ley.
Coscomatepec necesita la intervención seria de Tránsito del Estado y de autoridades con capacidad real para ordenar la vialidad. No operativos de fotografía ni medidas temporales, sino acciones constantes, reglamentos aplicados sin distinciones y sanciones que verdaderamente inhiban el desorden.
Pero también es momento de asumir que la responsabilidad no es exclusiva del gobierno.
La ciudadanía debe empezar por lo básico: respetar espacios, obedecer señalamientos, entender que el espacio público es de todos. No puede exigirse orden mientras se practica el abuso cotidiano.
En promesas y buenas intenciones quedaron los reglamentos que esta administración presentó con entusiasmo. Como tantas veces, las palabras se las llevó el viento. El papel aguanta todo; la calle no.
Coscomatepec no necesita más discursos. Necesita autoridad. Y necesita ciudadanos dispuestos a hacer lo correcto, incluso cuando nadie los está viendo.
Porque el verdadero cambio en la vialidad no comienza con anuncios, comienza con decisiones firmes y con la aplicación real de la ley.

