De acuerdo con el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, este fenómeno sucede cuando el Sol se posiciona directamente sobre el ecuador terrestre, provocando que el día y la noche tengan prácticamente la misma duración en todo el planeta.
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México explican que este cambio también influye en distintos procesos naturales, ya que la mayor exposición a la luz solar impacta en funciones biológicas como la producción de vitamina D, además de influir en el estado de ánimo.
Más allá de las creencias populares que asocian esta fecha con una “recarga de energía”, científicamente se trata de un evento astronómico derivado del movimiento de la Tierra alrededor del Sol.
En el ámbito agrícola, la llegada de la primavera es clave, ya que favorece el crecimiento de diversos cultivos gracias al aumento de horas de luz y las primeras lluvias de la temporada.
En México, productos como el trigo, melón, piña, sandía y naranja alcanzan su mejor desarrollo durante esta época, especialmente en sistemas de cultivo que dependen del temporal.
Como cada año, miles de personas acuden a zonas arqueológicas para recibir el equinoccio, manteniendo viva una tradición que mezcla historia, cultura y creencias, aunque sin evidencia científica de efectos energéticos adicionales.

