La Selección de México dejó muy buenas sensaciones tras su enfrentamiento ante Bélgica este 31 de marzo de 2026, en el Soldier Field, en Chicago. Más allá del resultado, el desempeño colectivo e individual del conjunto mexicano invita a la ilusión.
Uno de los nombres propios de la noche fue Jorge Sánchez, quien al minuto 19 se hizo presente en el marcador con un remate dentro del área tras un tiro de esquina, demostrando contundencia y oportunismo. Pero su actuación no se limitó al gol: destacó por su gran despliegue como carrilero por derecha, cumpliendo tanto en defensa como proyectándose constantemente al ataque.

En el frente ofensivo, Julián Quiñones asumió el rol de media punta, siendo un enlace dinámico entre el medio campo y la delantera, mientras que Raúl Jiménez se mantuvo como eje de ataque, peleando balones, generando espacios y siendo referencia constante en el área rival.
Otro de los elementos que llamó la atención fue Brian Gutiérrez, quien como volante ofensivo destacó por su movilidad, capacidad de penetración y desequilibrio, aportando frescura al ataque mexicano.
En el medio campo, la dupla conformada por Álvaro Fidalgo y Erick Lira fue clave para mantener el equilibrio del equipo. Ambos mostraron gran control del juego, recuperación de balón y salida limpia, siendo fundamentales para competir ante una selección europea de alto nivel.

Por su parte, Orbelín Pineda cumplió una función más libre en el terreno de juego, actuando prácticamente como un líbero en fase ofensiva, distribuyendo el balón y aportando creatividad en los momentos clave.
Más allá del empate, este encuentro representa una auténtica prueba de fuego superada para el conjunto mexicano. Se comienza a notar un fútbol más asociado, más conjunto, con hombres clave asumiendo responsabilidades y, sobre todo, con una clara idea de juego. El sistema 4-5-1 implementado dejó un muy buen sabor de boca entre los aficionados, mostrando orden, equilibrio y variantes ofensivas.
Hoy, México empieza a mostrar con claridad a qué quiere jugar. Este tipo de actuaciones no solo reflejan crecimiento, sino que también alimentan la ilusión de cara a lo que viene.
Y es que este resultado cobra aún más relevancia considerando la cercanía del debut mundialista: el próximo 11 de junio, la Selección de México se medirá ante Sudáfrica en el renovado Estadio Azteca, en un partido que marcará el inicio de un nuevo sueño mundialista.
México no solo compitió… también ilusionó.

