Vecinos de la calle Francisco Zarco han manifestado su inconformidad ante una situaciรณn que, aseguran, se ha vuelto recurrente. Es una historia que ya no sorprende, pero sรญ desgasta: la falta de acuerdos entre autoridades y comerciantes termina, como casi siempre, afectando al ciudadano comรบn.
Cada lunes, la instalaciรณn del tianguis no solo transforma la dinรกmica de la zona, sino que impone una carga sonora difรญcil de ignorar. Bocinas a alto volumen, mรบltiples comerciantes anunciando al mismo tiempo y una jornada completa de ruido han llevado a los vecinos al lรญmite de su paciencia. No es una molestia ocasional, es una afectaciรณn constante y predecible.
Lo mรกs preocupante no es รบnicamente el problema, sino la incapacidad de resolverlo. Los vecinos han hecho lo que corresponde: levantar la voz por la vรญa institucional, enviar oficios, dialogar. Incluso hubo intervenciรณn de la autoridad comercial, que en algรบn momento logrรณ acuerdos temporales. Pero, como suele ocurrir, la medida fue efรญmera y el problema regresรณ con la misma intensidad.
Ante este escenario, elementos de seguridad pรบblica acudieron al lugar para apercibir a los comerciantes o pedir el retiro de las bocinas. No obstante, se encontraron con la negativa, lo que derivรณ en un intercambio de argumentos mal aplicados, manoteos y desconocimiento entre ambas partes. Este momento fue captado en video y actualmente circula en redes sociales.
Hasta el momento, vecinos consideran que la autoridad no ha logrado hacer valer las disposiciones correspondientes, mientras que algunos comerciantes continรบan con estas prรกcticas bajo el argumento de ejercer un trabajo honrado. La clรกsica: “Creen que por trabajar de forma honrada les da derecho a hacer lo que quieran…” comentรณ un vecino desanimado. A esta situaciรณn se suma, segรบn seรฑalan, la falta de aplicaciรณn estricta de la normativa por parte de las autoridades en vรญa pรบblica.
El resultado de este conflicto, afirman los habitantes, recae principalmente en los ciudadanos que viven en la zona, quienes cada semana enfrentan las consecuencias del ruido y la falta de acuerdos entre las partes involucradas.
El problema de fondo no es el tianguis, ni siquiera el comercio. Es la ausencia de equilibrio, de reglas claras que se cumplan y de autoridad que las respalde. Mientras esto no ocurra, el desenlace seguirรก siendo el mismo.
Porque cuando nadie cede, cuando las soluciones son temporales y la ley es flexible, hay un actor que siempre pierde: el vecino, que cada lunes paga con su tranquilidad el costo de la desorganizaciรณn y la falta de voluntad.

