Madrid. El actual brote de ébola registrado en la República Democrática del Congo mantiene en alerta a autoridades sanitarias internacionales debido al aumento de contagios y fallecimientos vinculados a la variante Bundibugyo, una cepa menos conocida del virus para la que actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos.
Especialistas advierten que la emergencia sanitaria podría crecer considerablemente. La variante, identificada por primera vez en Uganda en 2007, presenta una tasa de mortalidad estimada de entre 30 y 50 por ciento, y ya suma cientos de casos confirmados en territorio congoleño.
De acuerdo con expertos en microbiología, una de las principales dificultades del brote actual ha sido la detección tardía, ya que las pruebas rápidas disponibles están diseñadas principalmente para identificar la variante Zaire, considerada la más letal del ébola. Además, los síntomas iniciales pueden confundirse con enfermedades comunes en la región, como la malaria.
La rápida propagación también responde a factores complejos, entre ellos los conflictos armados, desplazamientos masivos de población, actividad minera, falta de infraestructura sanitaria y movimientos transfronterizos en zonas afectadas.
La Organización Mundial de la Salud declaró la situación como emergencia sanitaria internacional, con el objetivo de movilizar recursos, personal médico y apoyo para investigación.
Los especialistas explican que el virus se transmite a humanos mediante contacto con fluidos de animales infectados o personas enfermas. Los murciélagos frugívoros son considerados los principales reservorios naturales del patógeno.
En cuanto a la prevención, las vacunas actualmente aprobadas contra el ébola fueron desarrolladas para otras variantes y no protegen contra Bundibugyo. Existen proyectos de investigación impulsados por farmacéuticas internacionales, aunque los posibles ensayos clínicos en humanos aún tardarían varios meses en comenzar.
Aunque el riesgo de expansión hacia Europa o América sigue siendo considerado bajo, autoridades de salud han reforzado la vigilancia epidemiológica. Sin embargo, expertos alertan que el peligro permanece elevado dentro de África, especialmente por la conexión de las zonas afectadas con grandes centros urbanos de la región.

