“Juan es su nombre”. Con estas palabras, pronunciadas por Zacarías cuando recuperó el habla tras el nacimiento de su hijo, quedó marcado para siempre el destino de aquel niño que habría de preparar el camino para la llegada de Cristo. No fue una frase cualquiera. Fue la confirmación de un designio divino, de una identidad otorgada por Dios mismo. Juan tendría una misión, un propósito y un nombre que resonaría a través de los siglos.

Hoy, al celebrar a San Juan Bautista, patrono de nuestro pueblo, vale la pena recordar que su nombre también forma parte de nuestra propia historia. Porque antes de ser simplemente Coscomatepec, esta tierra fue conocida como San Juan Coscomatepec, una unión que reflejaba el encuentro de dos mundos.
Durante el periodo de la evangelización, los frailes franciscanos llegaron a estas montañas y encontraron un pueblo con profundas raíces indígenas, una cultura rica y una identidad propia. Lejos de borrar una historia para imponer otra, el tiempo terminó entrelazando ambas tradiciones. Así nació una nueva identidad que conservó la fuerza de sus raíces originarias y abrazó la fe cristiana representada en San Juan Bautista.

Por eso, hablar de Coscomatepec es hablar también de San Juan. Son dos nombres que caminan juntos a través de los siglos. Uno evoca la tierra, las montañas, las aguas abundantes que han dado vida a generaciones enteras; el otro recuerda la fe, la esperanza y la herencia espiritual que ayudó a moldear a nuestro pueblo.
Esa raíz compartida no puede borrarse. Está presente en nuestras fiestas, en nuestras tradiciones, en nuestros templos y en la memoria colectiva de quienes seguimos llamando hogar a esta tierra fértil, bendecida por la abundancia de sus manantiales y por la riqueza de su gente.

San Juan y Coscomatepec van de la mano. Uno ayuda a comprender al otro. Y quizás por eso, aún hoy, esa conexión entre lo divino y nuestra tierra permanece resguardada en una reliquia profundamente significativa: la roca proveniente del lugar donde la tradición señala que Zacarías pronunció aquellas palabras que cambiarían la historia para siempre. “Juan es su nombre”.
Una frase que anunció la misión de un hombre santo, pero que también nos recuerda nuestras propias raíces, nuestra historia y la identidad que, generación tras generación, sigue dando nombre y sentido a nuestro querido San Juan Coscomatepec.

