La eliminación de México ante Inglaterra dejó un golpe duro, pero también una sensación distinta. El Tri perdió 3-2, sí, pero compitió, luchó hasta el último minuto y volvió a despertar la ilusión de una afición que llevaba años pidiendo un equipo con personalidad. Ahora llega la pregunta inevitable: ¿es momento de que Rafael Márquez tome las riendas de la Selección Mexicana?
Porque si algo quedó claro en este Mundial es que el proyecto no puede volver a empezar desde cero.
Javier Aguirre llegó para apagar un incendio y cumplió. Tomó un equipo golpeado, le devolvió identidad y lo llevó hasta los Octavos de Final, donde estuvo a un gol de forzar una prórroga frente a una potencia mundial. Pero el “Vasco” nunca fue una apuesta para el futuro; fue la experiencia para sacar adelante una situación crítica.
Y ahí aparece Rafa Márquez.
No por ser el mejor defensa mexicano de la historia merece automáticamente el banquillo. Lo interesante es que ha recorrido el camino correcto. Se preparó como entrenador, trabajó en fuerzas básicas, dirigió al Barcelona Atlètic y se integró al cuerpo técnico de la Selección. Conoce a la nueva generación y entiende el fútbol moderno.
La gran misión sería evitar el error que México ha repetido durante décadas: cambiar todo cada vez que termina un Mundial.
Hoy el Tri tiene una base ilusionante. Raúl Jiménez demostró que aún puede competir al máximo nivel. Julián Quiñones respondió en los momentos importantes. Jóvenes como Gilberto Mora, Brian Gutiérrez y otros talentos mostraron que pueden ser el rostro del siguiente ciclo mundialista.
Rafa Márquez representa justamente esa continuidad.
Pero también enfrentaría enormes desafíos. Tendrá que consolidar un cambio generacional, encontrar un nuevo líder bajo los tres palos cuando llegue el momento de despedir a Guillermo Ochoa y, sobre todo, convencer a los clubes mexicanos de dar más oportunidades a los jóvenes.
La Selección ya no puede depender únicamente de jugadores consolidados en la Liga MX. Necesita futbolistas que compitan semana a semana en Europa y un proyecto que piense en 2030 desde hoy.
También hará falta carácter para soportar la presión. En México un entrenador pasa de héroe a villano en noventa minutos. Rafa conoce esa exigencia mejor que nadie. Fue capitán, enfrentó Mundiales, levantó títulos con el Barcelona y sabe lo que significa cargar con el peso de una camiseta.
La afición tampoco quiere más discursos. Quiere una Selección que tenga identidad, que salga a proponer los partidos y que deje de conformarse con competir “dignamente”. Ya no basta con llegar al famoso quinto partido; el siguiente paso debe ser pelear de verdad por estar entre las mejores selecciones del planeta.
La era de Rafa Márquez no debería comenzar porque fue un extraordinario futbolista. Debería comenzar porque representa la continuidad de un proyecto, conoce a la nueva generación y entiende el tipo de fútbol que México necesita para dejar de vivir de recuerdos.
El Mundial 2026 terminó con lágrimas, pero también dejó una base para construir.
Ahora la pelota está en la cancha de la Federación Mexicana de Futbol.
¿Apostará por un proceso de largo plazo con Rafa Márquez o volverá a empezar de cero?
Porque el verdadero partido del fútbol mexicano… empieza hoy. 🇲🇽⚽
