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PISA nos reprobó… ¿o nos exhibió?

Por Rodrigo Valerio | Cosco FM

Hay noticias que uno lee y dice: “Bueno… era de esperarse”. Y luego están esas que uno lee, vuelve a leer y piensa: Que chingaos, algo estamos haciendo mal.

Los resultados de PISA 2025 vuelven a colocar a México en la parte baja de la evaluación educativa de la OCDE. En Matemáticas obtuvimos 388 puntos; en Comprensión Lectora, 408; y en Ciencias, 414. Estamos por debajo del promedio de los países de la organización.

Pero más allá de los números, a mí me preocupa otra cosa: ¿qué está pasando dentro de nuestras aulas?

Porque PISA no está preguntando únicamente si un estudiante se aprendió una fórmula o memorizó una definición. Busca saber si puede comprender un texto, resolver un problema, interpretar información y aplicar lo aprendido en situaciones de la vida real.

Y ahí tenemos un problema.

Inmediatamente aparecen los comentarios de siempre: “Los chamacos ya no quieren estudiar”, “todo es culpa del celular”, “los maestros ya no enseñan”, “los padres no ayudan”, “es culpa del gobierno”.

Y probablemente todos tienen un pedacito de razón. Pero si creemos que existe un solo culpable, nos estamos haciendo medio mensos. El problema educativo de México es mucho más grande.

¿Y la Nueva Escuela Mexicana?

Aquí también hay que hablar claro. Desde hace algunos años México decidió cambiar su modelo educativo y llegó la llamada Nueva Escuela Mexicana, con un discurso de educación humanista, comunitaria, crítica y alejada de la simple memorización.

En el papel, suena muy bien.

El problema es que la educación no se evalúa por lo bonito que suena el discurso, sino por lo que realmente aprenden los alumnos.

Y después de varios años de este modelo, los resultados de PISA no muestran precisamente la transformación educativa que se prometió.

Ojo: tampoco sería serio decir que todos estos malos resultados son culpa de la Nueva Escuela Mexicana. Los problemas de la educación mexicana vienen de mucho antes. Pero sí podemos preguntar: ¿está funcionando?

Porque cambiar planes, libros, proyectos y formas de evaluar no garantiza que un estudiante aprenda más.

Podemos hacer el proyecto comunitario más bonito, ponerle un nombre espectacular, hacer una cartulina y tomarnos la fotografía… pero si el alumno no comprende lo que lee, no puede resolver un problema matemático o explicar un fenómeno científico, entonces algo está fallando.

Y bastante.

Lo curioso es que los propios resultados de PISA muestran que los jóvenes mexicanos sí tienen interés por aprender. Entonces quizá el problema no sea que nuestros estudiantes no quieran aprender, sino que el sistema no está consiguiendo convertir esa curiosidad en aprendizaje.

Y aquí está, para mí, el verdadero reto.

No necesitamos jóvenes que simplemente sepan contestar un examen. Necesitamos jóvenes que sepan leer, pensar, cuestionar, investigar, argumentar y resolver problemas.

Porque un estudiante puede memorizar una fórmula y olvidarla mañana. Pero si aprende a pensar, esa herramienta se la lleva para toda la vida.

Así que no sé si PISA nos reprobó.

Lo que sí sé es que nos exhibió.

Nos puso un espejo enfrente.

Y quizá lo más incómodo no sea lo que vimos… sino que ya no podemos decir que no sabíamos cómo estábamos.

Por Rodrigo Valerio
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