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Las mujeres aún ganan 20% menos que los hombres, ¿qué podemos hacer?

Hablar de igualdad salarial no debería ser hablar de una aspiración. Debería ser hablar de un derecho.

Sin embargo, en pleno 2026, las mujeres que trabajan por un salario siguen ganando, en promedio, 20% menos que los hombres a nivel mundial. Así lo señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que advierte que la brecha salarial de género continúa siendo un problema persistente y que cerrarla requiere acciones coordinadas entre gobiernos, empresas, trabajadores y sociedad.

Aquí vale la pena detenernos un momento para analizar.

Cuando hablamos de una diferencia del 20%, no estoy hablando del cobro semanal, quincenal o mensual. Estoy hablando de lo que sucede con ese ingreso a lo largo de los años: menos posibilidades de ahorrar, menor capacidad para adquirir una vivienda, menores aportaciones para el retiro y, en muchos casos, una mayor dependencia económica.

Pero la pregunta importante es: ¿por qué continúa existiendo esta diferencia?

La respuesta no es tan sencilla, la brecha salarial está relacionada con las oportunidades laborales, la concentración de mujeres en sectores peor remunerados, el acceso desigual a puestos de liderazgo, las interrupciones de las trayectorias profesionales, por circunstancias como la maternidad, y, de manera muy importante, la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados. La OIT señala precisamente estos factores como parte de las causas estructurales de la desigualdad salarial.

¿Y qué sucede en México?

De acuerdo con información del INEGI, en 2025 46.7 % de las mujeres ocupadas percibía hasta un salario mínimo, frente al 34 % de los hombres. Además, solamente 0.5 % de las mujeres ocupadas se encontraba en el rango de más de cinco salarios mínimos, mientras que entre los hombres la proporción era de 1 %.

Otro dato resulta particularmente importante: un análisis presentado por especialistas del propio INEGI estimó para 2020 una brecha salarial promedio de 12.9 % y una brecha mediana de 12.7 % en México, utilizando una metodología que considera, entre otros elementos, el sesgo de participación laboral femenina.

Independientemente de la cifra exacta, existe una realidad que los datos sí dejan clara: las mujeres continuamos enfrentando desventajas económicas y laborales.

El trabajo que no aparece en una nómina

Hay otra parte de esta conversación que muchas veces permanece invisible: el trabajo doméstico y de cuidados.

En México, de acuerdo con la ENUT 2024, las mujeres destinan en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados (no solo a hijos, también a sus padres u otros familiares), mientras que los hombres destinan 18.2 horas.

Son horas que no siempre aparecen en un currículum, no generan un salario y muchas veces tampoco reciben reconocimiento. Pero esas horas tienen consecuencias profesionales.

Una mujer que debe dedicar una mayor cantidad de tiempo al cuidado de otros puede tener menos posibilidades de aceptar un empleo de tiempo completo, viajar por trabajo, estudiar una especialidad, emprender o aspirar a un puesto de mayor responsabilidad.

Por eso hablar de igualdad salarial también significa hablar de corresponsabilidad en los cuidados.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

Aquí es donde creo que debemos dejar de pensar que la solución depende únicamente de las mujeres.

Sí, las mujeres podemos prepararnos, negociar nuestro salario, conocer nuestros derechos, fortalecer nuestras habilidades y atrevernos a ocupar espacios de liderazgo. Pero no podemos construir igualdad sin que la mentalidad de los varones cambie también.

Si queremos avanzar, podemos empezar por acciones concretas:

En las familias: distribuir de manera más equitativa las tareas domésticas y de cuidado. Cuidar no debería ser una responsabilidad asignada automáticamente a las mujeres.

En las empresas: establecer criterios claros para determinar salarios, revisar periódicamente las diferencias de remuneración, transparentar rangos salariales y evaluar el trabajo con criterios objetivos. La OIT identifica la transparencia salarial, la evaluación objetiva de puestos y las políticas de cuidados como herramientas importantes para avanzar hacia la igualdad salarial.

En los espacios educativos: enseñar desde edades tempranas que las capacidades profesionales no tienen género. Que una niña puede estudiar ingeniería, programación, medicina, ciencias o cualquier otra profesión que elija.

En los gobiernos y las instituciones: fortalecer las políticas públicas que permitan que las mujeres tengan acceso a empleo digno, seguridad social, capacitación, emprendimiento y servicios de cuidado.

Como consumidores y ciudadanos: apoyar empresas y proyectos que tengan prácticas laborales responsables y exigir que la igualdad sea parte de la cultura organizacional, no solamente una frase bonita en una campaña.

Hablar del tema también ayuda, preguntar cuánto gana una persona por realizar un determinado trabajo no debería ser un tema prohibido cuando se utiliza para identificar desigualdades. Conocer nuestros derechos también es una forma de protegerlos.

En México, además, el marco constitucional ha incorporado la prohibición de la brecha salarial por razones de género en el artículo 123, como parte de las reformas recientes en materia de igualdad sustantiva.

Pero una ley, por sí sola, no cambia una cultura. Necesitamos que ese principio llegue a las oficinas, a las empresas, a los hogares, a las escuelas y a cada espacio donde se toman decisiones.

La igualdad salarial beneficia a toda la sociedad

Cerrar la brecha salarial no significa quitarle oportunidades a los hombres. Significa construir condiciones más justas para todas las personas.

Cuando una mujer tiene mejores ingresos, aumenta su autonomía económica. Puede tomar decisiones con mayor libertad, invertir en su educación, apoyar a su familia, emprender y construir un patrimonio. Y cuando millones de mujeres tienen mejores oportunidades económicas, también se beneficia la economía.

Por eso, el Día Internacional de la Igualdad Salarial que se conmemora hoy 18 de Septiembre, debería ser una oportunidad para preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que esa estadística cambie.

Porque detrás de ese 20 % hay millones de historias, hay mujeres que estudiaron, se prepararon, trabajan, emprenden, cuidan, lideran y aportan todos los días.

Y si queremos una sociedad verdaderamente justa, el objetivo no puede ser simplemente que las mujeres trabajen más.

El objetivo debe ser que su trabajo tenga el mismo valor y reciba el mismo reconocimiento cuando realmente tiene el mismo valor.

La igualdad salarial no es un favor. Es un derecho.

Y construirla tampoco es responsabilidad exclusiva de las mujeres, es responsabilidad de todos.

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