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Crónica de las mujeres que hicieron historia en la charrería de Coscomatepec

Crónica de las mujeres que hicieron historia en la charrería de Coscomatepec
Crónica de las mujeres que hicieron historia en la charrería de Coscomatepec
Crónica de las mujeres que hicieron historia en la charrería de Coscomatepec
Crónica de las mujeres que hicieron historia en la charrería de Coscomatepec

Una familia, una tradición y un hombre que creyó en las mujeres a caballo

Hay historias que no siempre aparecen en los libros, pero que forman parte de la memoria de nuestros pueblos. Historias que se cuentan en familia, que regresan cuando alguien recuerda una fotografía, una competencia, una caída o aquel caballo que marcó una etapa de la vida.

La historia de la Escaramuza Citlali, en Coscomatepec, es una de ellas. Y aunque hablamos de mujeres que encontraron en el caballo una pasión y una forma de expresión, detrás de ellas también hubo un hombre que creyó que podían hacerlo.

Ese hombre fue Don Roberto Uriel Reséndiz Núñez.

Don Roberto Uriel Reséndiz Núñez.

Cuando alguien decide abrir una puerta

Originario de Hidalgo y proveniente de una familia con tradición charra, Don Roberto Reséndiz llegó a Coscomatepec a principios de la década de 1990. Traía consigo el conocimiento y el gusto por los caballos, pero también la inquietud de fomentar esta tradición en el lugar donde había decidido establecerse.

Alrededor de 1995 comenzó a impulsar un proyecto que se convertiría en un capítulo importante para la historia ecuestre de Coscomatepec: la formación de la que se reconoce como la segunda escaramuza del municipio, la Escaramuza Citlali.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar. Don Roberto no solamente estaba pensando en formar otro grupo de jinetes. Apostó por un grupo de jóvenes mujeres, muchas de ellas de alrededor de 15 años, que despertaron el gusto por los caballos.

Él abrió una puerta. Ellas tendrían que hacer el resto.

Escaramuza Citlali

Detrás de una escaramuza hay mucho más que un caballo

Para quienes observamos una presentación de escaramuzas, quizá lo primero que vemos son los vestidos, los sombreros, los caballos y la precisión de las evoluciones. Pero detrás de esos minutos hay muchas horas de trabajo.

Había que aprender a montar, conocer al caballo, entender sus movimientos, cuidarlo y adquirir la seguridad necesaria para realizar ejercicios coordinados a gran velocidad. Por eso Don Roberto buscó a Lola Mendoza, instructora proveniente de Orizaba, para preparar técnicamente a las jóvenes.

La formación no se quedó solamente en aprender a montar. Las muchachas comenzaron a conocer la anatomía y el cuidado del caballo, mientras sus familias colaboraban para que el equipo pudiera presentarse con la vestimenta tradicional que caracteriza a la escaramuza.

Así, poco a poco, comenzó a tomar forma aquel proyecto…

Escaramuza Citlali

Un hombre que apoyó a las mujeres sin quitarles el protagonismo

Me parece importante contar esta parte de la historia porque también habla de otra manera de apoyar a las mujeres. Don Roberto no fue quien salió al ruedo. No fue quien realizó los cruces, los giros o el abanico. No fue quien tuvo que dominar los nervios antes de una presentación.

Fueron ellas.

Pero él puso algo fundamental: confianza, apoyo y las condiciones para que pudieran intentarlo.

Cabe destacar que personas de la zona facilitaron los caballos al inicio, el señor Alejo Sánchez facilitó el lugar, la señora Bertha Olivia Hernández, su esposa, apoyó en cuestiones de vestuario mientras que Don Roberto entrenaba a los caballos, buscó capacitación y estuvo pendiente de su seguridad. En una época en la que las oportunidades para que las jóvenes se incorporaran a determinadas disciplinas no siempre estaban al alcance de todos, él decidió impulsarlas.

Y quizá eso también sea hacer historia: entender que apoyar a una mujer no significa ocupar su lugar, sino ayudarla a encontrar el suyo.

Don Roberto Uriel Reséndiz Núñez.

Las mujeres que hicieron suyo aquel espacio

Una de las integrantes que vivió aquella historia desde dentro fue Olivia Reséndiz Hernández, hija de Don Roberto.

Olivia creció montando a caballo y fue parte importante en la integración del grupo. Invitó a compañeras de secundaria a sumarse, compartió sus caballos y les enseñó las primeras bases de la equitación.

Con el tiempo, aquellas jóvenes no solamente entrenaron. También representaron a Veracruz en torneos estatales, regionales y nacionales. Es importante en este punto darles nombre a estas mujeres:

  • Lizeth Balderas Moreno
  • Berenice Balderas Moreno
  • Laura Espinoza
  • Berenice Del Valle Bernabé
  • Elvia Illescas Loyo
  • Lizeth López Solís
  • Yazmín Del Valle Gómez
  • Fabiola Sánchez Lara
  • Clara Sánchez Lara

Y, como sucede en el mundo ecuestre, también hubo caídas.

Una de las más recordadas fue la de Olivia Reséndiz Hernández con la yegua La Serafina. Porque quienes han vivido entre caballos saben que montar también significa aprender a levantarse, superar el miedo y volver a intentarlo.

También hubo mujeres sosteniendo esta historia

En esta familia, Doña Olivia Hernández también tuvo un papel importante.

Mientras las jóvenes se preparaban para salir al ruedo, ella, junto con las madres de las integrantes, participaba en la organización y confección del vestuario tradicional: vestidos de adelita, calzoneras, crinolinas, sombreros, botas y arreos.

Y esto también merece ser contado.

Porque muchas veces hablamos de las mujeres que aparecen frente al público, pero olvidamos a las que están detrás, preparando, acompañando y resolviendo.

En una escaramuza, como en tantas historias de nuestra región, hay mujeres que hacen posible que otras mujeres puedan estar ahí.

B. Olivia Hernández y Roberto Reséndiz

Una familia que convirtió la tradición en un legado

La historia de los Reséndiz Hernández no termina con aquella primera generación.

También está Ricardo Reséndiz Hernández, quien creció dentro de los ruedos y aprendió las distintas suertes charras y el floreo de reata. Hoy, junto con su esposa Alejandra Jácome, mantiene viva esta tradición a través de la escuela de charrería Rancho La Victoria, en Xalapa, donde continúan formando a nuevas generaciones de charros y amazonas.

Es ahí donde una historia familiar se convierte en legado. Porque una tradición no permanece viva solamente porque la recordemos, permanece cuando alguien decide enseñarla.

Ricardo y Roberto Reséndiz

Coscomatepec y Tomatlán también tienen algo que contar

La historia de la Escaramuza Citlali forma parte de una cultura ecuestre mucho más amplia que encontramos en Veracruz.

En nuestras comunidades hay jinetes, cabalgantes, charros, escaramuzas, ganaderos, domadores, artesanos y familias enteras que mantienen una relación cercana con el caballo.

En Coscomatepec, esta tradición se relaciona también con la talabartería, la historia del municipio y sus propias celebraciones ecuestres. Y en Tomatlán, como en otras comunidades de la región, las cabalgatas se han convertido en espacios de convivencia y encuentro.

Por eso hablar de los jinetes de Veracruz es también hablar de identidad, de comunidad y de una tradición que sigue pasando de generación en generación.

Dos cabalgatas para seguir celebrando esta tradición

Y justamente porque estas historias no deben quedarse únicamente en el recuerdo, hay dos invitaciones que vale la pena compartir.

La primera es la Cabalgata de Tomatlán, que se realizará el 27 de septiembre de 2026. La reunión será a las 9:30 de la mañana en el salón social y el recorrido tendrá una duración aproximada de tres a cuatro horas, para finalizar con una comida.

La segunda será la Cabalgata de Coscomatepec, el próximo 3 de octubre, con salida a las 10:00 de la mañana desde el Rancho Tetlalpan. El recorrido permitirá disfrutar de los paisajes naturales de nuestra región y terminará con un convivio y música.

Son actividades que van más allá de montar a caballo. Son momentos para convivir, para reunir a las familias y para que niñas, niños y jóvenes conozcan una parte de las tradiciones que forman parte de nuestra región.

Una historia que vale la pena recordar

Cuando pienso en la historia de Don Roberto Reséndiz y la Escaramuza Citlali, hay algo que me parece especialmente valioso.

A veces hablamos de impulsar a las mujeres como si eso significara hacer algo extraordinario. Pero también puede comenzar con algo tan sencillo como decirles: sí puedes hacerlo.

Don Roberto puso los medios, buscó apoyo, entrenó caballos y confió en aquellas jóvenes.

Ellas pusieron la disciplina, el valor, las horas de entrenamiento y el corazón. Entre todos construyeron una historia que hoy merece ser recordada.

Porque detrás de aquellas mujeres a caballo hubo una familia. Hubo madres, padres, hermanos, instructoras y personas que creyeron en ellas.

Y hubo un hombre que entendió que las mujeres también podían tener un lugar en el ruedo.

Don Roberto abrió la puerta. Las mujeres cabalgaron hacia ella.

Hoy, décadas después, las historias de aquella generación siguen siendo parte de la memoria de Coscomatepec.

Y mientras haya alguien dispuesto a contarla, una niña que quiera aprender a montar, una mujer que se ponga el sombrero charro, un jinete que salga a recorrer los caminos o una familia que decida mantener viva esta tradición, la historia seguirá cabalgando.

Porque las tradiciones no solamente se heredan.

También se construyen, se comparten y se vuelven a vivir.

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