A pesar de las promesas, los comunicados ambiguos y las explicaciones recicladas, Coscomatepec sigue seco. La supuesta falla en la línea principal continúa siendo el pretexto oficial, pero la realidad es más cruda: no hubo capacidad, ni voluntad, ni responsabilidad para resolver una crisis que afecta a cientos de familias.
Barrios enteros —Perote, Juárez, Ixtiuca, Molino La Palma y Ocampo entre otros más— llevan días, incluso semanas, sin una gota de agua. Y mientras la gente se organiza como puede, la Comisión de Agua y el Ayuntamiento optaron por lo más fácil: dejar pasar el tiempo.
Hoy, a escasos días de que termine la administración, queda claro que prefirieron heredar el problema antes que enfrentarlo. No hubo previsión, no hubo inversión y tampoco hubo respeto por un servicio básico.

Cuatro años de fugas mal atendidas, obras deficientes y tomas clandestinas toleradas por personal que es incompetente y no tiene voluntad de capacitarse o retirarse en su caso, desembocan en este escenario: una ciudad abandonada a la buena voluntad del clima y de la paciencia ciudadana que está agotándose.

Lo más grave no es solo la falta de agua.
Es la falta de vergüenza pública.
Porque cuando una autoridad sabe que no puede —o no quiere— resolver, lo mínimo es decir la verdad y dar la cara. Aquí simple y sencillamente no hubo ni una cosa ni la otra.
Que quede claro: la administración entrante no es responsable de este colapso. La sequía administrativa tiene nombres, tiene cargos y tiene un largo historial que hoy se refleja en las llaves secas de miles de hogares.
Coscomatepec no necesita excusas, necesita agua.
Y también necesita autoridades que entiendan que gobernar no es esperar a que se acabe el periodo… es responder hasta el último día que se supone juraron al tomar el cargo, y hoy como dice la protesta de ley el pueblo lo demanda.
